Que cremin les xarxes.



El hecho de que la extensión de la democracia conlleve la incorporación progresiva de colectivos e identidades al disfrute de los derechos constitucionales y a la ocupación del espacio público, implica que esos colectivos e identidades hasta entonces subalternas adquieran y ejerciten una autoestima de la que carecían. Teniendo en cuenta que la ideología sustentadora de las democracias modernas nos atribuye derechos a todos y cada uno de nosotros, la oposición frontal a las exigencias de reconocimiento de esos colectivos tradicionalmente excluidos (mujeres, homosexuales, personas de raza no blanca o religión no cristiana) no puede recurrir a mecanismos de legitimación de privilegios que se consideran extintos o de mal gusto (la pureza racial, la gracia divina, la virilidad), de modo que, al no poder atacar los fundamentos teóricos y formales de esas exigencias, debe contentarse con embestir contra los modos (intolerantes, exaltados, etc.) en que éstas se manifiestan.

Xandru Fernández, Escenas de la guerra cultural en el extremo centro comercial, ctxt 28/05/2017

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